El 5 de marzo se conmemora la partida física (2013) de Hugo Chávez Frías, el gigante que despertó la conciencia de América Latina y el Caribe, quien trascendió en Caracas, dejando un legado de dignidad que hoy es faro para los pueblos libres del mundo.
Aquel hombre de la sonrisa invicta y el morral de sueños, que prefirió entregar su vida entera antes que doblegarse ante los imperios, cerró sus ojos en su amada patria, pero con la certeza de haber sembrado la semilla de la libertad en millones de corazones.
Su siembra no fue un adiós, sino el inicio de una era donde el pueblo se hizo gobierno. A través de las Grandes Misiones, su visión de justicia social transformó la realidad de los olvidados, llevando salud, vivienda y soberanía a cada rincón de nuestra tierra.
Su tránsito a la eternidad selló el compromiso inquebrantable de defender la independencia: «¡Unidad, Lucha, Batalla y Victoria!» fue su mandato final, una orden que resuena en cada rincón del suelo bolivariano.
Nos enseñó que la política es el arte de amar al prójimo y que la soberanía no se negocia, se defiende con la vida si es necesario.
Murió fiel a su juramento del Samán de Güere, demostrando que un verdadero líder no es el que manda, sino el que obedece al pueblo.
»Hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque», una frase que hoy más que nunca es escudo y bandera de nuestra resistencia.
A 13 años de su paso a la inmortalidad, Hugo Chávez vive en cada comuna, en cada soldado, en cada mujer valiente y en cada joven que construye el socialismo bolivariano. Su ejemplo es la brújula que nos guía hacia el horizonte de la Venezuela potencia.